Archivos para julio, 2013

Albert Camus - 74_lg¿Saben dónde está Quevedo? Se trata de una pequeña ciudad de Ecuador, en la llamada zona costera. Es cálida, húmeda, tropical. Estos días, por los pasillos de su pequeña universidad, donde estoy dando clases, los profesores se paraban  para comentarme las noticias sobre España: ¿Cuándo se quitan de encima a Rajoy?”, decía uno. “Ahí está todo el mundo corrupto, decía otro”, decía otro. “Ya nadie mira para nada a España, está como en decadencia”, comentaba el último.

Desde lejos, las cosas no se ven mejor. Puede que uno esté más tranquilo, porque a final de mes va a recibir algo que antes le costaba sangre, sudor y lágrimas: un sueldo. Ahora sólo cuesta sudor –porque aquí hace calor- y trabajo. Nomás. Pero hay varias cosas que no calman el desasosiego:

Una de ellas es que el PP parece estar preparando el endurecimiento definitivo: descubrimos que al frente del Tribunal Constitucional han puesto a un jurista militante, dispuesto a echar atrás cualquier recurso contra las leyes del gobierno. Y encima traen de vuelta a la guardia de asalto de Urdaci, por si hay que cortarle la inspiración a cualquier verso suelto.¡Prietas las filas!

El Gobierno de Rajoy es tóxico. Cada día que pasa sin dar explicaciones sobre la corrupción, cada día que el presidente se marca un chanchullo con periodistas pelotas que le preguntan lo que quiere, Rajoy eleva el nivel de cinismo y envenena más aún la podrida estructura de su gobierno. Mira para otra parte, por complicidad o por conveniencia, como mira el culpable, el que sabe algo o el cobarde.

Pero Rajoy nos intoxica también a nosotros. Nos hace mucho peores. Hace un par de años nos preguntábamos cómo Italia podía tener un presidente como Berlusconi. Pues ya lo tenemos aquí: que sepamos, el nuestro no ha invitado a orgías ni a putas, pero el muy caradura se guasapeba con Bárcenas y le mandaba abrazos mientras nos crujía a sacrificios presupuestarios. ¿Cómo es posible que siga ahí, con esa jeta? ¿Cómo no es la presión tan insoportable como para que tenga que irse? ¿Cómo no se para el país hasta que este Gobierno caiga? ¿Hasta dónde nos ata el miedo? ¿Llega el veranito, nos vamos de vacaciones con las migajas y nos olvidamos de todo?

Y con tanta pregunta, una posible respuesta: no visualizamos una alternativa. Ni fuera, en el panorama político, ni dentro de nosotros mismos: ¿Pueden la izquierda alternativa y esos movimientos sociales pactar cinco, diez, quince puntos fundamentales para generar una gran coalición que se presente a unas elecciones generales? ¿Serían capaces de demostrar que hay otro programa político posible, que son políticos serios y preparados capaces de no quebrarse a la primera? Ojalá. Quizá incluso eso anime a lo que queda con vida en el PSOE a refundar o a pirarse de un partido sin coraje, secuestrado por favores, mediocres, EREs y deudas bancarias. Lo que venga será otra cosa o no servirá.

Y nosotros, a los que nos queda algo, ¿creemos en la verdadera política y el sacrificio que implica? ¿Qué estamos dispuestos a poner en juego para cambiar de verdad las cosas? En mi maleta de emigrante traje el El Hombre Rebelde, de Albert Camus, que dice:

“la rebelión no nace sólo, y forzosamente, en el oprimido, sino que puede nacer también ante el espectáculo de la opresión de que otro es víctima. Hay, pues, en este caso identificación con el otro individuo. Y hay que precisar que no se trata de una identificación psicológica, subterfugio por el cual el individuo sentiría imaginativamente que es él a quien se hace la ofensa. Puede suceder, por el contrario, que no se soporte ver cómo se infligen a otros ofensas que nosotros mismos hemos sufrido sin rebelarnos”.

Una última reflexión: muchos politólogos todavía no se explican qué fue la primavera árabe y se preguntan si de verdad traerá más democracia. Yo tampoco lo sé. Lo que sí demostró es que lo podrido cae. Y sobre todo, que cuanto más podrido, más descontrolada es la explosión. En España apesta a podrido. Y el hedor lo notan hasta en Ecuador.

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