“Y la Universidad, ¿donde está?”. “Allí: son esas personas que hablan sin prisa”.

Publicado: abril 15, 2013 en Entre historias y reflexiones

pierosraffaEl sol de la primavera estaba radiante y caía sobre los adoquines, que anunciaban ya el fin de semana: el sábado habría una fiesta electrónica de rones y cigarros. Y el domingo mar, los dos, su novia y él, sobre un roque donde había una pequeña explanada. Allí se ponían dos o tres pescadores, junto a una escalera de piedra que llegaba hasta el agua. Un lugar para estar media vida.

En una extraña asociación de ideas, se acordó de un párrafo del primer artículo de Joaquín Estefanía para Alternativas Económicas, una nueva revista que había salido hacía poco y donde trabajaban algunos damnificados del ERE de Juan Luis Cebrián y sus amiguetes estadounidenses en EL PAÍS. Estefanía, que según los confidenciales se había plantado a Cebrián, seguía siendo director de La Escuela de Periodismo UAM/EL PAÍS, pero participaba en este nuevo medio. El artículo era sobre Piero Sraffa (en la foto), un economista de “formación demócrata y liberal” y amigo de Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano. Sraffa había pasado largas temporadas en Gran Bretaña con Keynes y otros economistas del Cículo de Cambridge. Y según Estefanía,

“fue un intelectual semiágrafo y toda su obra reunida no llega a las trescientas páginas. Su único libro, Producción de mercancías por medio de mercancías (traducido al castellano por un joven economista llamado Luis Ángel Rojo, que luego sería gobernador del Banco de España) apenas supera los cien folios en su edición original inglesa; el resto son artículos, recensiones, críticas, introducciones… y poco más. Sraffa contribuyó, dentro de los ambientes keynesianos, a las discusiones preparatorias de la Teoría General del Keynes. De su categoría humana e intelectual dan cuenta una anécdota y una declaración: preguntado el gran economista polaco Michal Kalecki (otro keynesiano de izquierdas) sobre los gentlemen británicos, contestó: ‘Sólo he conocido a dos: el uno, un comunista [Maurice Dobb], el otro, un italiano [Sraffa]’. La declaración es de Joan Robinson, poco antes de morir: ‘Yo mantuve innumerables discusiones con Piero Sraffa, pero todas apuntaban siempre a librarme de errores: él jamás decía nada en positivo’.”

B., que había llorado varias veces de soledad mientras hacía su tesis doctoral, pensó en ese Cambridge de los años 30 donde Sraffa había aprendido tanto. Seguramente había lugares estupendos donde tomar el té y los canales estaban llenos de barcas con estudiantes, en lugar de turistas. Se imaginaba esos salones de madera noble donde los keynesianos discutían de economía para salir de la crisis, quizá interrumpidos amistosamente por algún historiador marxista, una filósofa o una joven periodista militante de izquierdas que se había atrevido a saltar por encima de la cocina mental que sus padres le habían fabricado. En los salones de Cambridge seguramente había mucho humo, de pipa, puro y cigarrillo, y menos esperanza de vida. Pero la gente no andaba tan preocupada por publicar naderías en revistas de investigación para tener más currículum. Probablemente esperaban hasta tener cosas importantes que decir, mientras se estimulaban y buscaban respuestas a las preguntas de la época. Y muy posiblemente hubo algunos que brillaron más por dos pequeños artículos llenos de lucidez que por una biblioteca llena de libros con sus nombres en la solapa.

Como ya caía el sol, B., un poco entristecido, decidió dejar de pensar y se volvió al agua.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s