Archivos para marzo, 2013

escracheVuelvo a las desasistidas páginas virtuales de este blog a cuenta del escrache, esa práctica que consiste en visualizar el conflicto social y económico en su dimensión más radical: yo, afectado, protesto frente a tu casa o tu oficina (que suelen ser sedes de partidos, bancos o parlamentos) y te hago la vida un poco imposible porque considero que eres directa o indirectamente responsable de lo que me está pasando. Hoy hay dos artículos, uno en EL PAÍS y otro en eldiario.es, que entran a debatir sobre la legitimidad o no de esos métodos.

Los debates morales son deliciosos. Vienen después del postre, con un buen café, en la sobremesa, con la barriga llena, la casa pagada y los niños que se han ido a jugar al jardín o a un salón grande. Entonces, un tipo como Esteban González Pons se saca un buen puro, lo enciende y dice: “Asustar a mi familia es un método mafioso. Hoy lo hacen para que los políticos cambiemos el voto. Mañana lo harán con los jueces y pasado con los periodistas. Es muy peligroso. Dicen que me van a señalar, pero señalar es lo que hacían los nazis con los judíos”.

Cuando uno vive en una democracia que más o menos funciona, se acostumbra a que las discusiones suelan acabar razonablemente bien. Como mucho, con un puñetazo en la barra de un bar, un par de días sin hablarte o un distanciamiento que casi nunca acaba en violencia. Pero cuando las costuras sociales empiezan a reventar, las normas de antes dejan de funcionar. Vuelve la lucha de clases, los pobres miran con ira a los ricos y a cualquiera, frustrado o acojonado por el pagaré que le viene, no le basta con sacar un cartelito donde airear su malestar.

Luego están los hechos objetivos: uno se metió en una hipoteca porque le dio la gana. Nadie lo obligó. Pero también es cierto que había un clima de optimismo histérico y el contexto alentaba hipotecas suicidas. Otro hecho: se meten miles de millones en el sistema financiero que se endosan a la deuda nacional, mientras  los parados, que no tienen la culpa de serlo, se empiezan a quedar sin casa y no se les ayuda con el mismo entusiasmo. Y una reflexión: la ley hay que cumplirla, pero es aberrante que uno siga pagando una deuda con el banco cuando le han quitado el piso.

El dedo índice de algunos diputados se debe haber vuelto autómata de tanto votar siguiendo las consignas del partido, la presión de los grupos de intereses, bancos, eléctricas y lobbies diversos. Pero resulta que ahora ha llegado la fractura social. Yo la veo un poco todos los días en mi nómina de mierda. Y la veo muy clara en la larga cola de gente que va a comer a las monjas que hay al lado de casa. Lo que pasa es que González Pons estaba tan pancho y mirando para otro lado, de sobremesas, moralizando. Pero el hambre, la desesperación y la angustia pueden producir cosas horribles, irracionales, de improviso. De las que luego quizá generen  arrepentimiento por no haber hecho nada a tiempo. Y entonces, que te vayan a gritar a casa, puede parecer de niños.