El cigarrillo de Enzensberger

Publicado: julio 24, 2012 en Entre historias y reflexiones

Cosas de la crisis o de mirar mucho Internet, pero las historias se me mezclan cada vez más. Esta semana voy a entrevistar a una amiga que es fisioterapeuta y que es la emprendedora más exitosa que tengo a mi alrededor. Como es emprendedora, también ayuda a otros emprendedores y el otro día ayudó a patrocinar una maratón organizada por una gente joven que también emprende. Al llegar de la entrega de diplomas me dijo que un señor de 79 años había completado la carrera –llena de cuestas- y que lo envidiaba profundamente.

En términos de envidia, yo quizá envidie más a Santiago Carrillo, que lleva fumando toda la vida y tiene noventa y pico años y hasta ahora ha tirado bastante bien. Como a mí me gusta fumar –aunque cada vez me sienta peor y me crea más sentimiento de culpa-, siempre veo con envidia a esos señores con estupendos genes que llegan a viejitos disfrutando de ese vicio malo malísimo que muestra una estúpida debilidad del ser humano que, sin embargo, al menos para mí, también tiene un lado entrañable, quizá por lo estúpido y absurdo que es .

Nunca he admirado particularmente a Carrillo, a pesar de esa imagen de venerable anciano que ha tenido en las tertulias de Genma Nierga. En el tema Paracuellos no me voy a meter, porque es el clásico motivo cainita de las dos Españas en los que unos y otros se lanzan mierda mutuamente. También creo que hizo sus muchas cosas para que aquí hubiera democracia. Pero me mosquea que purgara a Jorge Semprún y que fuera amigo del siniestro de Ceaucescu.

De la nómina de ilustres fumadores, me quedo con el escritor alemán Hans Magnus Enzensberger. Mi primer contacto con sus palabras fue a través de una entrevista de Vicente Verdú en El PAÍS SEMANAL. Hablaba de su vida, de literatura, de mujeres, de fidelidad y algo de Europa. Para mí ese rostro pulcro, esa mirada brillante e inteligente, esas reflexiones lúcidas simbolizaban Europa, eso que uno iba buscando inconscientemente cuando cogía por primera vez el tren y se hacía un Interrail.

Pero resulta que no, que Enzensberger no gobierna este continente. Y que a lo mejor durante años España se dedicó más a disfrutar de los fondos de desarrollo europeo que a buscar la pulcra lucidez. Hoy iba camino de la piscina y me encontré un cartel del Partido Comunista del Pueblo Canario que pedía comedores escolares en los barrios obreros para evitar la malnutrición de los niños: el manotazo de la pobreza.

Pero resulta que me reconozco más en esta España/Canarias que se acerca a la quiebra que en la locura inmobiliaria. Será porque creo que se parece más a los ochenta de mi infancia, cuando las vacaciones se pasaban en la isla y no en otros países, cuando en vez de promociones de viviendas vacías se practicaba más la casa de autoconstrucción sin encalar que aparecía en mitad de la noche, cuando las huelgas generales las hacían sindicalistas curtidos en la cárcel como Nicolás Redondo y Marcelino Camacho.

Enzensberger mencionaba en aquella entrevista que su yerno es una especie de “campesino intelectual”, una figura que, decía, es bastante común en Noruega: gente capaz de formular los razonamientos más sublimes, producir las obras más exquisitas y hundir diariamente sus manos en la tierra o criar rebaños de ovejas.

Mi amigo Sergio –del que les hablé al principio de este blog- acaba de empezar su andadura para hacer un huerto ecológico –como parte de una especie de lugar de pensamiento-, al que nos queremos sumar varios. Queremos “hacer algo”, como se dice cuando sientes que estás haciendo “la nada”. Un sitio para trabajar, para charlar, para reunirnos, para seguir ideando cosas. Recuerdo que hace un año había en Le Monde Diplomatique un artículo que prevenía contra soluciones escapistas en la izquierda, contra ese socialismo utópico de corte comunal que ya practicaron Fourier y Owen en el siglo XIX. Pero no se trata de hacer la revolución hippy. Es simplemente trabajar sobre lo posible, empezar poco a poco a reconstruir el espacio simbólico de la izquierda, que está en el chasis, entre el miedo de los obreros y el pavor de las clases medias.

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comentarios
  1. Santiago dice:

    Jorge, es un gusto leerte.

  2. isa dice:

    Jorge me he leído tus comentarios, sigue así que no te callen
    estoy de acuerdo con Santiagoés un gusto leerte
    Y el de abuela Pino más sentimentalmente

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