Dame más, por favor, que todavía no me he enterado

Publicado: mayo 14, 2012 en Entre historias y reflexiones

Cuando uno llega a Nepal, recibe una bofetada en los morros. Tienes que buscar tu maleta entre otras mil, porque el servicio no funciona bien en el aeropuerto. Luego sales y está todo lleno de taxistas ansiosos de turistas que te quieren cobrar una millonada. En el camino al hotel descubres que Katmandú no es una ciudad verde de montañeros y hippies sino una capital asiática que se expande a todo gas y ladrillo.

Al principio fue un shock. Cada mañana me levantaba en la habitación del Guest House y descubría el olor a plástico quemado que inunda toda la ciudad. Porque aquí la basura se quema sin parar. Miraba al cielo, gris polucionado. A las calles, algunas muy sucias. Miraba nuestro edificio, con demasiadas plantas en una ciudad donde se espera un terremoto que lo arrase todo. Escuchaba las pitas de los coches y las motos, que no te dejan pasear por la ciudad. Y buscaba por la noche un bar con gente, sin saber que aquí la vida nocturna no existe, porque la que hay, está fabricada en zonas muy específicas para turistas. Y piensas… “joder, qué coño hago yo aquí”. Pero al final… te acostumbras.

Se trata de reconocer “las condiciones objetivas”, como diría un marxista. Katmandú y Nepal tienen esto y yo cuento con estas otras armas. Si son suficientes, la cosa irá bien. Si no, tendré que marcharme, siempre y cuando no me pase nada por el camino.

Este esquema, como casi todo ahora, es aplicable a la crisis: creo que lo más peligroso es que no reconocemos que quizá se dan ya  “las condiciones objetivas”  para que empecemos un cambio muy profundo. Ni sabemos bien qué instrumentos tenemos.  Seguimos colgados del marasmo de datos, artículos, opiniones, anuncios, declaraciones, contradeclaraciones, etc, creando una realidad virtual acojonante y esperando una pesadilla fatal que tiene textura de tigre de película a punto de dar el zarpazo final.

Olvidémonos de las reuniones, del comisario Olli Rehn, de Christine Lagarde. Olvidémonos de las cifras de deuda, de la liquidez de Bankia, de las reformas estructurales. Esa larga conversación de cuatro años ha llevado a Grecia a la miseria, con miles de ancianos hambrientos yendo a los comedores sociales o familias que acuden a un centro de Médicos del Mundo porque ya no pueden pagar una consulta en una sanidad que ha dejado de ser gratuita –no lo olvidemos, en el momento en el que más necesaria es una sanidad o una educación gratuita, porque pocos se pueden pagar otras-.

¿Qué nos pasa? Pues que somos cinco millones y pico de parados, muchos sin ayudas de ningún tipo. Nos pasa que un buen profesor que lleva toda la vida currando por un sueldo digno, ha perdido del orden del 20% de su poder adquisitivo, entre reducciones, congelaciones y subidas de impuestos. Gente que curraba, no vagos. Nos pasa que casi ningún joven va a cobrar una pensión por una reforma, hecha por cierto por el PSOE, que no ha tenido en cuenta que cotizar 37 años es una entelequia en un mercado de becas y trabajos temporales. Nos pasa que ya se empieza a hablar de un corralito, nada más y nada menos que Paul Krugman.Y esas son las condiciones objetivas: inaceptables.

Pero somos como el perro de Paulov, acostumbrado a identificar la campanilla con la comida, a babear cuando la escucha sonar. Tampoco creo que seamos culpables. Nos hemos hecho a unas condiciones anteriores donde la realidad se ha construido desde el optimismo hedonista. No porque la realidad fuera estupenda –yo, hasta este año, nunca había cobrado más de 972 euros-, sino porque nos creímos el argumentario de financieras, bancos y gobernantes de medio pelo de que la oscuridad y el hambre no iban a volver.

Y a pesar de las condiciones objetivas, un amigo me cuenta con tristeza e indignación que en su empresa se ha hecho un ERE y muchos de sus compañeros solo han tratado de salvar su culo…. Y el viernes por la tarde, a la hora del almuerzo, se podrán sentar con una inercia masoquista delante del televisor a ver la rueda de prensa del consejo de ministros: “dame más, por favor, que todavía no me he enterado”.

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comentarios
  1. Chacho, muy buen artículo y lúcida reflexión. Sigue creciendo.

  2. blogueradicharachera dice:

    ¿Has visto “Katmandú, un espejo en el cielo”? Es la última de Icíar Bollaín. No es que sea muy buena, pero me ha recordado mucho a las reflexión que haces. Va de una profesora jovencita que se va allí a intentar “cambiar el mundo” y se lleva una bofetada de realidad, que no la tumba…

  3. Dani Duque. dice:

    Bien dicho, Jorge. Un abrazo y que estés bien!

  4. Rebeca Góngora dice:

    Muy bueno. Me gusta lo que dices y el como. Yo también espero que estés bien, pese a los tiempos que corren.

  5. lolina marrero dice:

    No sé cuál de las dos situaciones será peor, si la que encontraste en Nepal o la que tenemos aquí.. Lo que te cuenta tu amigo es lo normal en estos días, así que disfruta todo lo que puedas de tu trabajo y del tiempo libre que ya vendrán tiempos mejores. Un abrazo fuerte.

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