El periodismo… ¿será revolucionario o no será?

Publicado: abril 13, 2012 en Entre historias y reflexiones

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Llevo un par de días dándole vueltas a dos textos periodísticos que he leído últimamente, ambos colgados por dos compañeros periodistas. El primero es una entrevista bastante interesante a Maruja Torres y el segundo una reflexión de hace unos meses que contrastaba el diario EL PAÍS con Público, cuya edición de papel falleció recientemente para pena de muchos.

Los textos evidencian la crisis del periodismo, que ya es un tema casi tópico que puede producir aburrimiento. Maruja Torres se despacha a gusto contra los másteres de periodismo, el de EL PAÍS entre ellos, considerando que juegan con las ilusiones de la gente joven y estimulan el ego de personas inexpertas que se mueren por firmar en el periódico más importante en español. No voy a ser yo quien rebata a Maruja Torres, porque todavía recuerdo la felicidad que me produjo firmar mi primera necrológica en EL PAÍS, nada más paradójico en el mundo. También dice que mecanismos como el máster nos convierten en gente sumisa y corporativista. Ahí me siento menos identificado, pero eso tampoco importa demasiado.

Que EL PAÍS ya no es lo que era lo dicen muchos de sus lectores. A veces pienso en lo que opinaría mi padre, que se sentaba cada tarde a leerlo en su sillón como si fuera la Biblia. EL PAÍS se ha convertido en un gran templo, bonito, respetable, que aún conserva profundidad y firmas estupendas que sirven para analizar la realidad. Pero la gente ya no lo lleva debajo del brazo, como hacía un amigo de mi padre en las entrevistas de trabajo para que pensaran que era izquierdas. Y es que los templos son también el símbolo de las contradicciones históricas de quienes los construyen.

Creo que Público fracasó porque quizá ya no era el momento de sacar un periódico de papel, con sus enormes costes de producción. Pero que hay una alternativa a los medios tradicionales, seguro.  Yo no estoy tan convencido de que el problema sea el dilema información/opinión. Creo más bien en la honestidad, en saber realmente qué perspectiva ideológica tiene un medio, cómo mira la realidad, sin que las contradicciones internas terminen desgarrando sus costuras. Europa tiene una larga tradición de periódicos con clara vocación activista y política. Y periodistas como Gramsci y Camus que trascendieron su labor profesional para convertirse en referentes políticos e intelectuales ineludibles de una época.

Evidentemente, no se trata de volver a Gramsci ni a Camus. Ni siquiera quizá de volver a entender la ideología de manera tan sectaria como se hacía antes. Pero sí se trata de que los nuevos medios trabajen sobre las hipótesis de lo posible, de buscar lo verdaderamente nuevo que nace ante el colapso de lo viejo, que acojona. Hoy un periodista canario, Esaú Hernández, enlazaba en su Facebook una noticia sobre una moneda local que convive con el euro y que se ha creado en un pueblo griego para combatir la crisis. Una realidad que a lo mejor termina por convertirse en algo positivo. ¿Pero alguien se imagina a alguno de los grandes medios tradicionales con un editorial sincero a favor de este tipo de iniciativas, incluso si funcionaran?

La crisis de algunos de mis compañeros, como la mía propia, no creo que sea sólo el resultado de la desazón laboral. Me parece que es también la de saber cómo engarzar nuestra función periodística con la de ciudadanos libres y activos, capaces de ayudar a alumbrar e interpretar nuevos caminos ante esta época tan raruna. Redescubrir el valor del compromiso real a la vez que vivimos dignamente. Supongo que así debían sentirse muchos redactores de EL PAÍS cuando descubrían que hacían democracia cada día que el periódico salía a la calle. Quizá, si el hambre no nos aprieta, debamos pensar primero en cómo queremos contar las cosas para buscar dónde contarlas.

La filósofa Hanna Arendt afirma en uno de sus libros que nunca como en la Resistencia francesa, durante la II Guerra Mundial, vio a tantos hombres y mujeres sentirse tan cercanos a la plenitud, a la Cosa en sí –esto es algo filosófico- que da sentido a nuestras vidas, que nos reconcilia con el otro y con nosotros mismos. No estamos ni de lejos como en la II Guerra Mundial, pero seguro que la cosa se tensará mucho y estallarán las contradicciones. Quizá, en algún momento, los periodistas que queremos algo mejor y vivimos en la incertidumbre tendremos que ser revolucionarios o no seremos…

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