Archivos para julio, 2011

Hace unos cuatro años y medio, cuando todavía vivía con mi ex-novia en Madrid, nos juntamos con su prima en un bar del barrio de las letras, cerca de donde teníamos nuestra pequeña buhardilla. Era un pub irlandés y por allí pasó también una pareja treintañera con un niño y me resultaron un poco extraños, como si estuvieran en un momento complicado. Cuando todo el mundo se fue, mi ex me dijo que el chico había sido periodista en Nueva York durante el 11-S. Habían caído las torres gemelas y una de las grandes emisoras de radio del país no tenía a nadie en la ciudad y tiró de él para contar lo que estaba ocurriendo. La desgana y la falta de un proyecto definido hicieron con el tiempo que dejara la radio y que el recuerdo de su buen trabajo durante aquellos se quedara en eso, en un recuerdo.

Les hablo de aquella historia porque me impresionó. Mi ex y yo lo veíamos como la pérdida de una gran oportunidad, como el ejemplo perfecto de cierta blandura ética y moral propia de una generación un poco perdida. Cuatro años después, un recién egresado -como dirían los latinoamericanos- de la Escuela de Periodismo de EL PAÍS escribió a la subdirectora de la escuela diciéndole que no quería hacer unas prácticas en el periódico que duraban un año. Ella fue sin duda muy respetuosa, sus buenos amigos periodistas lo entendieron perfectamente y de sus buenos compañeros, había algunos que sí y otros que no. Pero todos lo respetaron, le dieron ánimos y casi todos le regalaron palabras bonitas, abrazos y gestos cariñosos.

Hoy, mi colega Sergio afirmaba en los chorros de la piscina que lo importante es hacer las cosas feliz mientras se sigue persiguiendo el objetivo. No es necesario llevar una vida sacrificada por un objetivo que, cuando llega, si llega, te coge quemado como la pipa de Sherlock Holmes. Él acaba de dejar un puesto de jefe de obra de una empresa importante con un sueldo importante y está pensando en un giro hacia la filosofía, la agricultura ecológica y no sé cuántas cosas más que son muy interesantes. “El objetivo está ahí”, dice,” igual que tú tienes el tuyo, que es escribir”. “Cómo lo hagas, es cosa de ir eligiendo unos días, haciendo autoexamen, mirándose adentro y no andar con proyectos tortuosos que duran un año o más y después de los cuales viene siempre la gran crisis existencial”.

Si me encontrara a aquel periodista que desapareció entre la niebla que formaban los recuerdos de aquellas noticias que contó con tanto empeño durante uno de los sucesos más impactantes de los últimos 50 años, le preguntaría por qué lo hizo y sobre todo, si ha conseguido encontrar el camino feliz para perseguir el objetivo.